El naranjo amargo (Citrus × aurantium) fue introducido en Sevilla por los almohades en el siglo XII como árbol ornamental en patios, mezquitas y jardines palatinos. Tras la conquista cristiana de 1248, su uso se extendió al arbolado urbano de la ciudad. Hoy Sevilla cuenta con 14.000 naranjos amargos en calles, plazas y patios, uno de los arbolados urbanos más singulares de Europa [1][2].
La floración del azahar (marzo-abril) perfuma la ciudad durante la Feria de Abril y es símbolo cultural sevillano. El agua de azahar destilada a partir de sus flores es ingrediente tradicional de la repostería andaluza (tortitas, roscos, mantecados). El fruto, amargo, no se consume fresco pero es la base de la mermelada inglesa de Sevilla [3][4].
Desde 1790 las naranjas amargas sevillanas se exportan al Reino Unido para elaborar la marmalade británica (James Keiller & Son inició la producción industrial en Dundee en 1797). El Ayuntamiento de Sevilla mantiene desde 2023 un proyecto piloto de producción de biocombustible y bioelectricidad a partir de las 5.700 toneladas anuales de naranjas caídas [5][6].
