Mojácar (6.600 habitantes, INE 2024) se asienta en un cerro de 170 m de altitud sobre el Mediterráneo, en el Levante almeriense [1]. Su origen documentado como 'Muxacra' es almohade (siglo XII), aunque se han hallado restos íbero-romanos en el entorno de la Fuente Nueva. El pueblo fue el último bastión morisco de Almería: cuando cayó Granada (1492), el alcaide Alabez firmó en 1488 con los Reyes Católicos una capitulación singular — negociada por dignidad, no por rendición — que permitió a los moriscos mojaqueros conservar durante más tiempo que en otras zonas sus costumbres, vestimenta e incluso el trazado urbano laberíntico que aún hoy caracteriza el pueblo [2][3].
La pervivencia morisca es palpable: el traje femenino tradicional ('sábana mojaquera') se conservó hasta el siglo XIX, el trazado urbano laberíntico es pura herencia andalusí, y hasta los años 60 el pueblo mantenía un particularismo cultural aislado. En 1988 el casco histórico fue declarado Conjunto Histórico-Artístico [3][4].
En 1947 un grupo de pintores — Jesús de Perceval, Miguel Rueda, Capuleto, Cantón Checa — se estableció en Mojácar y fundó el Movimiento Indaliano, reivindicando el símbolo rupestre del Indalo (Cueva de los Letreros, Vélez-Blanco) como emblema cultural almeriense. La casa-estudio de Perceval convirtió el pueblo en cuartel general del movimiento hasta su disolución hacia 1960 [5].
Desde los años 70, Mojácar Playa (4 km al este, 5 km de arena dorada) se desarrolló como destino turístico familiar; el pueblo alto mantiene la esencia pre-turística con estrictas normas de conservación. Hoy es uno de los pueblos blancos más fotografiados de España y miembro de 'Los Pueblos Mágicos de España' desde 2016 [6].