El pinsapo (Abies pinsapo) es un abeto endémico exclusivo de las sierras béticas de Málaga y Cádiz. Sus poblaciones actuales son consideradas un fósil viviente del periodo Terciario que sobrevivió a las glaciaciones del Cuaternario refugiándose en umbríos calizos por encima de los 900 metros [1][2]. Fue descrito científicamente por el botánico suizo Edmond Boissier en 1837, durante una expedición por el sur ibérico [3].
Lo distingue del resto de abetos europeos su disposición acicular radial — las hojas se insertan en espiral alrededor de la rama, no peinadas — y su corteza gris plateada que se agrieta con la edad. Forma bosques puros (pinsapares) en exposiciones norte, donde la humedad y el descenso térmico nocturno reproducen el clima en que evolucionó hace millones de años [1].
Solo existen seis poblaciones naturales conocidas: tres en Málaga (Sierra de las Nieves, Sierra Bermeja y Cañada de las Ánimas en Parauta) y tres en Cádiz (Grazalema y entorno). La UICN lo cataloga como En Peligro (EN) y figura en el Catálogo Andaluz de Especies Amenazadas [2][4]. La declaración de la Sierra de las Nieves como Parque Nacional en 2021 cubre el mayor pinsapar del mundo y forma parte de la red MAB de Reservas de la Biosfera de la UNESCO desde 1995 [5].
El árbol más longevo documentado supera los 500 años en el Pinsapar de Grazalema. La madera del pinsapo, blanca y de fibra fina, fue históricamente codiciada para mástiles de barcos y carpintería fina, lo que estuvo a punto de extinguirlo en el siglo XIX antes de las primeras medidas de protección impulsadas por la Sociedad Española de Historia Natural [3].





























