El espeto de sardinas es el método tradicional de asar sardinas en la playa malagueña: las sardinas se ensartan en una caña verde de bambú o en un palo metálico (de ahí 'espeto') y se cocinan al fuego de leña dentro de una jábega — antigua barca de pesca de palangre reconvertida en brasero —, con su quilla rellena de arena de la propia playa para soportar las brasas. La técnica está documentada desde mediados del s. XIX en la prensa malagueña, asociada a los marengos (pescadores) de El Palo y Pedregalejo.
La leyenda atribuye su 'descubrimiento' al espeto que comió Alfonso XII durante una visita a Málaga en 1885 (Casa Miguel, Pedregalejo o Antigua Casa de Guardia, según versión), aunque el plato es popular desde décadas antes en barrios pesqueros. La técnica requiere sardinas frescas (talla 14 cm mínimo, ideal en primavera-verano), aceite virgen extra para untar y sal en el momento — sin marinado previo. La quema controlada de la madera de jábega (preferentemente de eucalipto o pino) genera el ahumado característico.
Es Bien de Interés Cultural Patrimonio Inmaterial de Andalucía desde 2018 (Decreto 70/2018), consolidando la dimensión cultural más allá de la gastronómica. Numerosos chiringuitos malagueños mantienen la tradición — entre ellos El Tintero (1972, Pedregalejo, donde la subasta a viva voz por meseros es Patrimonio Inmaterial complementario). La temporada óptima es mayo-octubre. Pedregalejo, El Palo y Torremolinos concentran la mayor densidad de espeteros activos.